jueves, 30 de julio de 2020

Indígenas, elecciones y participación política. Vladimir Aguilar

Indígenas, elecciones y participación política

Vladimir Aguilar Castro

Grupo de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (GTAI)

Universidad de Los Andes.


A los pueblos indígenas en su día...

Al gran Wamudana (Omar Gonzalez Ñañez) en tu nicho de seguro estas...

Sin demarcación y autodemarcación no hay derechos indígenas

Es largo el camino recorrido por los pueblos y comunidades indígenas de Venezuela en materia de conquista de derechos. Pero no ha sido suficiente pues el Estado neocolonial siempre aguarda al acecho para confiscar lo avanzado.

Aunque algunos derechos indígenas como el de la participación política se pueden ejercer, lo cierto es que el mismo siempre sera limitado si no hay territorio reconocido y titulado que defender. Y para ello se necesita que los mismos estén demarcados o autodemarcados.

Participación política versus derecho a la no discriminación

Seria en las elecciones parlamentarias del año 2015 cuando tres parlamentarios indígenas de Amazonas fueran impugnados, sin poder ejercer la representación indígena ante la Asamblea Nacional. En ese momento insistimos en que se trataba mas de una discriminación violatoria del articulo 21 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), que del derecho per se a la participación política.

En efecto, la participación parlamentaria de los pueblos indígenas es simplemente una aspiración para "echar a andar derechos" reconocidos, pero nunca podrá ser un "fin en si mismo".

El derecho a la participación política, constituye un mecanismo para hacer efectivos los derechos y las reivindicaciones históricas y territoriales de los pueblos y comunidades indígenas del país.

La hora de los balances

Al momento actual, muchos son los derechos indígenas reconocidos y conquistados pero muy pocos los implementados. Aquellos derechos que la ardua lucha y exigencia de los constituyentistas, y luego diputados indígenas junto a sus organizaciones de base lograron insertar en la CRBV, quedaría como un deseo en el camino.

Contrario a lo que pudiera pensarse, la mayor parte de los territorios indígenas han sido devorados o están siendo amenazados por el extractivismo rapaz. En la actualidad hay menos tierras indígenas que al momento de aprobarse el Capitulo VIII de la CRBV.


Las grandes organizaciones indígenas como el Consejo Nacional Indígena de Venezuela (CONIVE), luego de haber sido un icono de la lucha de los pueblos indígenas del país, incluso llegando a contar con tarjeta electoral, hoy en dia carece de luz propia. Lamentablemente, la mayor parte de las organizaciones indígenas han sido relegadas a los bloques de la polarización, y su participación política luego de la aprobación de la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas (LOPCI) (2005), y de la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas (2007), se ha alineado a engrosar las filas de cada una de las partes en conflicto.

La jurisdicción especial indígena como espacio de resistencia

Urge la activación inmediata de la jurisdicciones especiales indígenas en los territorios de estos. Serian ellas las que tendrían, de acuerdo a usos, costumbres y a las instituciones ancestrales y tradicionales, la capacidad para determinar las formas y mecanismos de representación política, entre ellas las parlamentarias.

La participación política de los indígenas no puede fundamentarse en un reglamento impuesto "desde arriba" por las instituciones neocoloniales del Estado, sino que debe ser el resultado de un proceso de participación propia "desde abajo". Las formas, tiempos y ritmos responden a dinámicas interculturales tejidas desde los propios pueblos y comunidades indígenas.

Al ser pueblos y comunidades indígenas culturalmente diferenciadas, sus procesos de consulta y toma de decisiones también son distintos.

La participación política aquí no estaría determinada por el tiempo electoral sino por el tiempo cultural. De esta manera, el tiempo político seria ante todo un tiempo cultural.

Hacia un parlamento indígena

Los pueblos y comunidades indígenas de Venezuela no necesitan participar en un parlamento "criollo", coartando y limitando su representación a tres diputados. Como el pueblo Sami en los países Nórdicos, ellos pueden tener su propio parlamento indígena conformado de acuerdo a sus usos, costumbres y derecho consuetudinario.


El parlamento indígena seria un espacio de dialogo político intercultural con el "otro" parlamento, en el que se debatirían asuntos estratégicos para los pueblos y comunidades indígenas.


El parlamento indígena seria el punto de llegada de procesos de decisiones que nacen en las comunidades, y que van adquiriendo forma desde las propias expresiones de organización de los pueblos y comunidades indígenas.

A mayor interculturalidad mayor democracia

Ya lo hemos advertido en anteriores oportunidades. La garantía de un ejercicio verdadero democrático es que esta sea de carácter intercultural.


La interculturalidad se erige como la herramienta de comprensión del momento político, como un instante democráticamente distinto en favor de la pluralidad humana fundamento de la política misma (Arendt).


miércoles, 6 de mayo de 2020

La danza de la autodestrucción. Vladimir Aguilar

La danza de la autodestrucción

Vladimir Aguilar Castro

Universidad de Los Andes

(…) Por desgracia, aunque las guerras sigan siendo un negocio improductivo en el siglo XXI, esto no nos da una garantía absoluta de paz. Jamás debemos subestimar la estupidez humana. Tanto en el plano personal como en el colectivo, los humanos son propensos a dedicarse a actividades autodestructivas (...)”.

                                                      El desfile de la locura. En 21 lecciones para el siglo XXI.

                                                                                    Yuval Noah Harari

Otra vez soplan vientos de guerra que se suman a la ya diaria calamidad de los apagones, falta de combustible, alimentos y, por si fuera poco, del COVID 19. Los extremos de la polarización realmente existente vuelven a poner las cartas de la violencia sobre la mesa. Y la confrontación todavía no trasciende porque es un conflicto de baja intensidad, pero de una muy alta intencionalidad.

Se trata del desfile de la locura, tanto de los que participan de manera directa como de los que se encargan de difundirlo, para que la opinión interesada le de crédito o no. Así estamos. Es un país que lamentablemente no ha trascendido luego de veinte años polarizado. ¿Qué nos condujo hasta aquí? Ese es el quid pro quo de lo que nos falta por descubrir. ¿Es parte de nuestra historia? ¿Es estructural? ¿Es cultural? ¿La condición democrática en Venezuela es en sí misma conspirativa?

Lo que padecemos es la lucha entre quienes se quieren perpetuar en el poder y quienes lo detentan. Ambos inventan formulismos jurídicos constituyendo ésta la forma más baja de hacer política. Lo peor de esta crisis histórica es que la propia comunidad internacional se hace parte interesada del problema. Agotados unos medios se apelan a otros. Como la llamada ofensiva “diplomática” no da resultados se pasa al siguiente escenario.

Es el contenido del escarceo: denuncia, lucha, confrontación y conflicto. Son los estadios de la danza de la guerra que nos acecha. Como si la historia no tuviera su retrato hablado en situaciones similares dentro y fuera del país. Como si las apuestas no fueran las mismas aquí y allá. Como si los centros de poder no necesitaran de ello para seguir siendo lo que son.

Ante tanto déficit político y democrático es muy complicado construir país. Tendrían todos, absolutamente todos (constituidos y constituyentes) que alejarse de sus pretensiones, irse de una buena vez, y darle paso a quienes impávidamente han asistido como meros espectadores a esta confrontación fratricida, desde hace tiempo atrás.

Por si fuera poco, todo se da en el contexto de la pandemia más voraz de los últimos tiempos. Ella ni siquiera ha podido incidir en una tregua en función de la nación, sino que, por el contrario, ha ido en aumento la escalada.

Sumado a lo anterior, aparecen de nuevo los caminantes del éxodo esta vez de retorno al país. Expulsados de los lugares a los cuales se habían ido en busca de mejores condiciones de vida, regresan como hijos pródigos. ¿Cómo se llama esto en la perspectiva del derecho internacional humanitario? ¿De qué manera responde la comunidad internacional y nacional de los países de los migrantes, refugiados y desplazados a la xenofobia?

La humanidad nunca dará por superado los retratos hablados de la historia mientras el modelo de producción y acumulación siga basado en la ley del valor, o en palabras de Yuval Noah Harari, mientras haya propiedad.

Confinados a una u otra frontera, las imágenes de los caminantes del éxodo chocan con las del pretendido “desembarco liberador”. Tan difícil es para los primeros y tan fácil para los segundos llegar a Venezuela. Seguramente es parte de la llamada crisis humanitaria compleja con la que nos han definido desde los organismos internacionales y regionales.

Frente a uno y otro drama, la autodestrucción pareciera ser el último eslabón de lo que aún nos falta por perder.

Mayo, 5, 2020


domingo, 19 de abril de 2020

Pensando en la Política y el país en medio de la pandemia. Vladimir Aguilar


Pensando en la Política y el país en medio de la pandemia

Vladimir Aguilar Castro

Grupo de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (GTAI)

Universidad de Los Andes

Un grafiti apuntaba en una foto aparecida en las redes sociales que el corona es el virus y el capitalismo es la pandemia. Si ello lo aplicamos a Venezuela no sabríamos cual es cual. Estas nuevas formas de capitalismo con apellidos varios tienen confundidos a unos cuantos.

Por ejemplo, no olvidemos que en los años setenta y ochenta en Guyana el llamado socialismo cooperativista devino en lo que es hoy ese país. Seguramente no se distanciaba mucho de la socialdemocracia y la Venezuela saudita de Pérez, hoy tan echada de menos por algunos.

Si en aquel entonces el país se insertaba en el mercado mundial bajo una lógica de extractivismo puro y duro, las relaciones internacionales del momento le permitían “exportar” democracia al mismo tiempo en qué “exportaba” petróleo. Al menos era lo que esbozaban sesudos analistas de la política exterior venezolana. Para ese momento, el petróleo era el virus y la democracia era la pandemia.

Hoy en día el esquema es a la inversa: se “exporta” autocracia y, sin poder producir petróleo se importa la gasolina, pero la apuesta extractiva se mantiene incólume esta vez mediante la entrega del sur del Orinoco a la explotación minera.

La lógica en tiempos de Pérez y ahora es la misma: solo que ayer la supuesta abundancia daba para distribuir las migajas de la renta y, en la actualidad, la destrucción de la economía solo da para el robo de lo que aún queda y de lo que pueda ser repartido de las confiscaciones que en época de sanciones se le aplican al país.

Esta doble condición perversa de robo nacional con saqueo interventor, nos conduce a una falsa diatriba reflejada en la polarización como forma de dirimir los conflictos políticos en el país desde hace veinte años, que penosamente sigue secuestrando a la mayoría nacional.

El colapso del modelo fósil de acumulación de ganancias no es solo la verdadera pandemia a escala mundial sino, sobre todo, a nivel nacional. De la gasolina no costar nada en Venezuela ahora se vende más cara que en los mercados internacionales.

Y es que esa constituye la principal tendencia de un país en el que desde hace unos años atrás lo ilegal transita hacia lo legal. Primero fue el dólar paralelo a dólar oficial. Luego la minería ilegal dio paso a la minería legal y, ahora, el precio del combustible en el mercado de contrabando se oficializa en tiempos de cuarentena.

Urgen nuevos desafíos para nuevos tiempos. Pero estos tienen que comenzar a tejerse “desde abajo” pues “desde arriba”, los que allí han estado desde hace cien años de historia republicana fosilizada, nada hicieron. “La Venezuela petrolera que conocimos en los últimos cien años se acabó”, afirma Mendoza Pottellá.

Ese es el principal reto para los próximos años, pero eso si antes deben irse todos. Los constituidos en cualquiera de sus formas y poderes y los constituyentes. Tanto los elegidos caducos como los autonombrados.

miércoles, 1 de abril de 2020

La sublevación de los instintos. Vladimir Aguilar

La sublevación de los instintos
Vladimir Aguilar Castro
Universidad de Los Andes

"...Desaparecidos los grandes hombres solo nos quedan los acontecimientos...".
Chateaubriand

Es Elías Canetti quien nos advierte que percatarse de las cosas en tiempos de crisis no tiene ningún sentido si ello no se hace con lucidez. Pero es lo mas difícil.

Frente a la perversión de lo que se propone como solución (¿final?) a la crisis venezolana y, lo que desde el poder local se plantea como respuesta, no podemos sucumbir a lo que Tomas Mann denominaría la sublevación de los instintos.

Los extremos juegan a sus propias lógicas y salidas. Los de allá y los de acá aprovechan el momento del coronavirus para mover sus piezas.

No hay pandemia que valga ni tiempo de tolerancia que lo resista e invoque. 

¿Cuanto mas tendrá que transcurrir y ocurrir para ver la luz tras el túnel?

Que se vayan todos mas que una consigna es la exigencia del momento presente. Ya el mundo les salta en mil pedazos. 

Háganlo antes de que sea demasiado tarde...

Abril 1 del 2020

sábado, 28 de marzo de 2020

De la banalidad del mal a la banalidad de la politica. Vladimir Aguilar

De la banalidad del mal a la banalidad de la política
Vladimir Aguilar Castro
Universidad de Los Andes

La Banalidad del Mal fue la frase acuñada por la filosofa judía alemana Hannah Arendt en su extraordinaria obra  Eichmann en Jerusalén, en la que explico como el mal pudo llegar a ser parte de la cotidianidad en la Alemania nazi.

La crisis planetaria por la cual atraviesa la humanidad asiste a la banalidad de la política, teniendo como uno de sus principales escenarios a Venezuela.

En efecto, este experimento de país en el que fuerzas disimiles y oscuras se disputan el destino de la nación, están dispuestas a lo que sea para hacerse no solo del poder político, sino fundamentalmente de las fuentes de energías existentes en el territorio nacional.

Desde la época de Chávez se discutían los tiempos y las formas. Todo indica que, llegado el momento, la forma puede ser al mejor estilo del primitivismo realista de las relaciones internacionales. 

En un país en el que la conspiración transversaliza su historia, los acontecimientos aparecen y reaparecen algunas veces como comedia otras como tragedia.

Marzo, 27 del 2020

jueves, 26 de marzo de 2020

Democracia de excepción. Vladimir Aguilar

Democracia de excepción
Vladimir Aguilar Castro
Universidad de Los Andes

La crisis de pandemia que padecemos a escala planetaria ha puesto de relieve muchas cosas. La principal de ellas es el estado de excepción de la democracia.

Contrario a lo que pudiera parecer la regla en lo sucesivo sera el estado de emergencia y la democracia su excepción.

Es el futuro que le depara a la humanidad, a menos que los desposeídos decidan insurgir  contra todas las formas de control de poder que han encontrado en la pandemia una nueva manera de hacer política.

Los poderes constituidos fueron también igualados y develados en su misma condición por la pandemia...

Marzo 25 del 2020

Que se vayan todos (ii). Vladimir Aguilar

 Que se vayan todos (II) Iniciamos un nuevo proceso político en Venezuela en el año 2000 con una tragedia natural, transitamos 26 años de tr...