viernes, 18 de mayo de 2018

El dilema polarizador. Vladimir Aguilar Castro

El dilema polarizador
Vladimir Aguilar Castro

Nuestro principal dilema es el de asistir a votar mediante un razonamiento primitivo de hacerlo contra un gobierno que ya nada tiene que ofrecer a la sociedad, o abstenernos no por seguir la línea de un sector opositor dividido, en desbandada y fracasado, sino por ser coherentes con una posición la cual desde 1998 anticipamos. En efecto, el modelo político venezolano no cambiará con meros maquillajes electorales y constitucionales de no transformase la base material extractiva de acumulación.

Hoy en día, a pesar de haber mayores condiciones para el ejercicio de lo que históricamente la democracia formal ha instituido como variable fundamental de todo sistema político (el voto), paradójicamente proponen no ejercerla quienes la han reivindicado a lo largo de estos veinte años. Hay una metamorfosis en y de los roles. Los que se oponían a la democracia burguesa hoy creen en ella y los contrarios a la abstención la reinventan.

Así está Venezuela atrapada de nuevo en los dilemas de una polarización que la mantiene secuestrada en tiempos de elecciones y que culturalmente arrastra como componente principal de su atavismo político.

17 de mayo 2018

viernes, 5 de enero de 2018

Una realidad dos versiones: Venezuela país de desproporciones. Vladimir Aguilar

Una realidad dos versiones: Venezuela país de desproporciones
Vladimir Aguilar Castro
Universidad de Los Andes
Mérida-Venezuela

Venezuela es un país de contrastes
no solo en lo geográfico sino en lo social y político.

La realidad del país es una (objetiva) pero se presta para dos interpretaciones (subjetiva): una, todo lo que hace el gobierno, desde el punto de vista económico, es para proteger a los desposeídos víctimas de la guerra económica. La otra, la situación es cada más crítica y ya ha superado los umbrales del Caracazo (1989).

Porque aún la crisis económica (objetiva) no tiene traducción política (subjetiva)? Precisamente por las desproporciones de la situación objetiva. 

Hasta tanto el tiempo económico no se acompase al político no habrá implosión social o reconfiguración de actores.

Ha sido tal el desgaste de las alternativas políticas que otrora se plantearon para superar la situación social, que hemos llegado a tales niveles de insostenibilidad en lo económico con ausencia de subjetividades.

Si a semejante desproporción le sumamos que la ley del valor es sustituida por la ley extractiva (Venezuela es el único país del mundo donde la energía se paga con el billete de más baja denominación), estamos frente a una crisis nacional cultural y, sobretodo, estructural.
Enero, 4, 2018

jueves, 4 de enero de 2018

Nos levantamos. Vladimir Aguilar

Nos levantamos

Nos acostamos siendo un país cafetalero y cacaotero y nos levantamos siendo un país petrolero.

Nos acostamos siendo dirigentes de partidos políticos y nos levantamos dirigiendo una nación.

Nos acostamos siendo líderes estudiantiles y nos levantamos siendo diputados, ministros, gobernadores y gerentes de PDVSA.

Nos acostamos siendo dirigentes sindicales y nos levantamos siendo cancilleres y presidentes.

Nos acostamos conspirando y nos levantamos siendo estadistas.

Es la condición petrolera y extractivista y no la condición democrática la que 

nos acuesta de una manera y nos levanta de otra.

Diciembre, 27, 2017.

martes, 26 de diciembre de 2017

En respuesta al señor Georg Eickhoff y su artículo "El chavismo solo puede sobrevivir como dictadura". Vladimir Aguilar

En respuesta al señor
Georg Eickhoff y su artículo "El chavismo solo puede sobrevivir como dictadura".

El contexto
El señor Eickhoff fue representante de la fundación Konrad Adenauer en Venezuela entre 2008 y 2013. Todavía Chávez estaba en vida hasta que murió justo el mismo año en que el señor Eickhoff cesó en sus funciones.

La fundación Konrad Adenauer es una creación de la democracia cristiana mundial. Eso no le quita nada al análisis del señor Eickkof pero si le pone una mirada ideologizada al asunto.

El o los "errores" de los análisis sobre Venezuela que poco o nada ayudan a superar el momento político actual
El punto de partida del análisis del señor Eickhoff es en mi opinión errado. Confunde bonapartismo con dictadura y hay allí una primera deriva. En una dictadura por definición no existen partidos políticos pues su funcionamiento como sistema político de gobierno los niega en su naturaleza.

Una similitud de lo que acontece en Venezuela en la actualidad con lo ocurrido en la Alemania oriental no solo constituye una desproporción en la forma sino sobretodo en el fondo. No hay nada de lo que haya pasado en Alemania del Este que se parezca a Venezuela porque los procesos históricos de allá y de aquí son completamente disímiles.

Otro de los errores de muchos "analistas" de la ciencia política es pretender extrapolar episodios históricos sin precisar sus particularidades.

Venezuela como "particularidad"
Nuestro país es una particularidad basada en un extractivismo que ha penetrado nuestras entrañas como Nación y cuya máxima expresión política e ideológica es este "desmodelo" de sociedad que nos está arropando culturalmente.

Nuestra crisis es estructural y cultural y estamos tocando fondo luego de cien años de rentismo. Leif Wenar en su obra "Blood Oil: Tyrants, Violence, and the Rules that Run the World", señala que este recurso en sí mismo genera violencia. 

Eso explica la crisis que tenemos. Nos transversaliza como pueblo (a secas). 
Nos está matando como lo que somos o pretendemos ser. Estamos frente a un "sálvese quien pueda" por aquello de que "después de esta vida no hay otra oportunidad...".

La responsabilidad histórica de quienes dirigen el país en la actualidad
La principal característica de quienes dirigen el país en la actualidad es la improvisación política por la falta de preparación. No existió proyecto político de ningún tipo. Lo que se ha pretendido hasta el sol de hoy son consignas vaciadas de contenido, erigidos como intentos de proyecto de país. Por lo tanto no todo ha estado ni está calculado.

Eso fue el chavismo. Ni más ni menos. Coincidió con una oleada de procesos de cambio post neo liberales que se suscitaron en el continente (ahora sí más o menos similares) que fueron confrontados de manera diferenciada. En el caso de Venezuela la izquierda lo único que puso fueron las consignas lo demás lo han hecho los militares. No es casual que el chavismo comience ahora a mostrar sus fisuras desde los actores de izquierda.

La izquierda en el gobierno ni la izquierda en la oposición han tenido proyecto de país. Por eso han tejido esas formas de alianzas tan disímiles: la izquierda oficialista con militares y la opositora con sectores conservadores.

A mayor improvisación política mayor desproporción económica
La ideología como panfleto es proporcional a la locura de los precios. Frente a un "dólar today un precio again". Aquí no hay modelo ni proyecto simplemente es rapiña pura y dura determinada por la ley del valor de cambio.

El señor Eickhoff vuelve errar en la caracterización de Venezuela como "estado fallido y gobierno que representa al crimen organizado". Se intenta una definición que satisfaga los apetitos transnacionales como si estos no fueran parte de la expoliación petrolera y ahora minera existente en el país. Qué se pretende con esa caracterización? Acaso hacerle guiño a una institucionalidad regional (OEA) o internacional (UE) que también perdió las perspectivas institucionales de jugar un rol de mediación en la crisis venezolana?

La entrega de nuestros recursos también es proporcional al aceleramiento de la presión internacional contra el país. Venezuela se está subastando. Quien ofrece mejores garantías? El gobierno moribundo anclado al poder y a los recursos o una oposición dividida que sueña con profundizar lo mismo?

Para no terminar: la atipicidad de lo que nos ocurre
"Algo huele mal en Dinamarca" decía el gran Shakespeare. Como caracterizar un país dónde los billetes de baja denominación solo sirven para pagar energía (combustible)? Un país dónde lo único que tiene como precio fijo de baja denominación es la gasolina?

La atipicidad de lo que nos ocurre es un rentismo ilimitado (del cual por cierto la fundación Konrad Adenauer fue  usufructuaria) y que luego de cien años de historia petrolera ya se le ven las honduras.

Diciembre, 17, 2017.

lunes, 2 de octubre de 2017

La Primera Rebelión Popular del Siglo XXI en Venezuela. Vladimir Aguilar

“La primera rebelión popular del siglo XXI en Venezuela” o la necesidad de llamar las cosas por su nombre.

Vladimir Aguilar Castro
Universidad de Los Andes

Mucho se ha escrito y dicho sobre lo acontecido entre abril y julio 2017 en Venezuela. Hubo caracterizaciones del momento político y, sobre todo, categorizaciones que poco o nada han contribuido a delinear un plan de acción claro para el movimiento popular venezolano.

Ha sido Mario Benedetti en su poema “No me cambies las palabras” quien ha dicho que “…no me gaste las palabras, no cambie el significado, mire que lo que yo quiero lo tengo bastante claro…”. Una última estrofa sentencia: “no me ensucie las palabras, no le quite su sabor y límpiese bien la boca si dice revolución”.

Tenemos en Venezuela, desde el inicio del proceso político actual en el año de 1998, un asunto pendiente por resolver que tiene que ver con el uso de las palabras las cuales forman parte del lenguaje político nacional.
En nuestra opinión, varias han sido las falacias que han acompañado las más disimiles conjeturas.

Democracia versus Dictadura
La utilización en los últimos tiempos de la palabra Dictadura para denotar
la deriva autoritaria del gobierno no se corresponde con la posibilidad (limitada) de expresarlo pública y abiertamente. En otras palabras, la Dictadura del actual régimen político es proporcional a la inexistente “revolución” bolivariana.

En el relato de quienes han dirigido la nación existe la pretensión convertida en intención de que estamos en pleno desarrollo de cambios paradigmáticos a escala nacional. A la par de la idea de rebelión popular cabalga la de revolución social, sirviendo ambas para la movilización de contingentes
de masas en favor de un lado y de otro.

Estamos frente a la fantasía de dos narrativas cuyo único efecto ha sido el de lograr la polarización política que cronológicamente ha llevado al choque episódico y violento de la sociedad.

Democracia y Dictadura vendrían a ser dos caras de la misma moneda dependiendo de quien la asuma y reivindique. Tal como lo expresa Etienne Balibar (2017), “la relación de fuerzas entre las tendencias de democratización y las tendencias de desdemocratización que determina
la posibilidad de la política activa, se han invertido decididamente. Pero esto constituye también un manifiesto elocuente y elaborado a favor de formas innovadoras de renacimiento democrático, sobre todo en términos de recreación de una esfera pública y una reafirmación de los derechos de los “muchos” (que también están hechos de muchas diferencias), que se ven a
sí mismos pauperizados y marginados por la antipolítica”[1].


Elecciones versus Abstencionismo
Las elecciones siempre estuvieron presentes en la hoja de ruta opositora incluso antes de la propuesta de referéndum revocatorio del año 2016.
Pero sobre todo, formaron parte de las negociaciones entre el gobierno y
la oposición llevadas a cabo en diciembre de ese mismo año. Sin embargo,
la inconsistencia y permanente cambio de las estrategias opositoras han terminado por el fortalecimiento de la gestión gubernamental.

El extravío de y en la táctica de los adversarios ha sido consustancial con
el acoplamiento por ensayo y error de una acción de gobierno insostenible desde el punto de vista de sus condiciones materiales, pero muy lejos todavía de lograr un cambio en las subjetividades colectivas nacionales.

Pueblo versus Pueblo
Ambas facciones confrontadas de la sociedad venezolana se erigen como representantes del pueblo. Las dos reivindican la representación popular de una soberanía que no es tal pues cada uno puja de acuerdo a sus intereses de turno. Lo cierto es que el pueblo no es unívoco. Hay más bien pluralidad de pueblos siendo mayoría el que impávidamente asiste en la tribuna del juego político al pitazo final de la idea de nación.

En un intento de paralelismo de la supuesta rebelión popular venezolana del 2017 con el Mayo francés de 1968, Jean Luc-Nancy (2001) afirma que, “el 68 no fue ni una revolución, ni un movimiento de reformas (si bien fueron sus consecuencias infinidad de ellas), ni una impugnación, ni una rebelión, ni una revuelta, ni una insurrección, aunque puedan encontrarse en él rasgos de todas esas posturas, postulaciones, ambiciones y expectativas”[2].

Bonapartismo y razón de Estado
Jean Jacques Rousseau afirmaría que si hubiera un pueblo de Dioses se gobernaría democráticamente. En efecto, desde hace tiempo Venezuela se debate entre dos ausencias: la razón de Estado versus la razón del demos
lo cual ha conllevado a una conjura permanente entre razones que se contraponen.

La democracia como experimento de pluralidad humana ha sido circunstancial en la historia republicana de nuestro país. Su excepcionalidad ha estado acompasada por tiempos de rupturas que han terminado por comprometer el proyecto democrático en cualquiera de sus formas, variantes y manifestaciones.   

El Bonapartismo vendría a ser la expresión más reciente de dicho experimento. Definido como la concentración de poder en manos de una persona (el poder ejecutivo), como forma política se suma a la ya larga historia de mesianismos que han ocupado gran parte de la historia política nacional a lo largo del siglo XIX, XX y lo que va del XXI.

El país entró en un nuevo siglo con los correlatos de otrora dándole una connotación atávica a lo político en pleno siglo XXI. Tanto lo que surgió como propuesta como lo emergido como reacción se encuentra alojado en el imaginario de un colectivo que sucumbe entre saltos y regresiones.

Lo que valdría la pena escudriñar es si finalmente se trata de algo inmanente a la condición democrática lo que vendría a determinar esa permanente diatriba entre el ser y deber ser de la política[3].

El quid de nuestro drama
Más allá de la coyuntura lo cultural sigue sosteniéndose en la noción de un país extractivista en las ideas y en sus formas de acumulación de lo único que se produce en Venezuela: petróleo.  

Lo anterior plantea un asunto pendiente en la agenda nacional para los próximos tiempos: la crisis actual es sobre todo una crisis de carácter estructural y cultural, es decir, el modelo de acumulación extractivo fundamentado en el principio de la res nullius (tierra de nadie) que tiene una manifestación en las relaciones sociales cuya expresión es una suerte de lapsus mentis (olvido de todo/ausencia de identidades). Sobre esta última cabalga el concepto de condición humana[4].

Epilogo: los sacrificados de siempre
A propósito de la condición humana los sacrificados de siempre de nuevo vuelven a ser los indígenas. Primero por parte del gobierno impugnando la representación indígena de Amazonas electa como parlamentarios en las elecciones de diputados de diciembre 2015, y luego por parte de la oposición en la mesa de negociaciones de diciembre 2016.

Esto último evidencia los límites de una democracia cuyo principal desafío lo constituye la posibilidad de erigirse en el único resorte vigente para la convivencia de las pluralidades humanas.

Podríamos junto a Alan Badiou (2017)[5] afirmar que si bien la verdadera vida (democracia) no siempre está presente, nunca está completamente ausente. La verdadera vida (democracia) está por lo menos un poco presente.

En Venezuela, la original rebelión popular pendiente es la superación (rebelión) de nuestra insólita cotidianeidad.

martes, 15 de agosto de 2017

La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y la política del gran garrote. Vladimir Aguilar

La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y la política del gran garrote
Vladimir Aguilar Castro
Universidad de Los Andes

El Big Stick
Iniciaban los años del siglo anterior. Eran los tiempos del Presidente Teodoro Roosevelt en los Estados Unidos de Norteamérica. Su política del Big Stick (Gran Garrote) se imponía para aquellos gobiernos del continente que no eran de su agrado.

Mediante la persuasión (zanahoria) ofrece lo que no puede o quiere con la fuerza (Big Stick).

La ANC en Venezuel se ha erigido como un supra poder luego de haber el gobierno ganado el round a la oposición despolitizada. Ahora muestra sus dientes al vencido. El bonapartismo se impone con toda  a su favor fuerza.

Por una parte ofrece la zanahoria (elecciones regionales) y por la otra el gran garrote (más cárcel para los sediciosos).
Bipartidismo versus nueva oposición.

Desde un principio las cosas no fueron llamadas por su nombre y he allí los resultados. Se habla y se dice pero no se piensa el argumento esbozado.

Venezuela laboratorio de muchas cosas también se ha convertido en el cementerio de sesudos análisis y analistas políticos.

Agosto, 15, 2017

jueves, 3 de agosto de 2017

Despues de la Constituyente. Vladimir Aguilar

Después de la Constituyente
Vladimir Aguilar Castro
Universidad de Los Andes

Tal como estaba previsto, finalmente se dieron las elecciones de los constituyentistas que conformarán la nueva Asamblea Nacional Constituyente (ANC). ¿Que le depara al país luego de este evento?

La jornada de por sí sui generis, no solo por haberse realizado con unas bases comiciales inconstitucionales sino en medio de una crisis de gobernabilidad sin precedentes, plantea un doble asunto: por una parte, la implosión dentro del oficialismo por el descontento emergente producto de los resultados y de los constituyentistas electos; por la otra, la ruptura en el seno de la oposición al no poder alargar más las estrategias fracasadas de lucha.

El reacomodo de fuerzas es inevitable en Venezuela. Lo más triste es que hubo de transitarse lo que se transitó a un gran costo. Urge detener el baño de sangre con el que el experimento democrático pretende erigirse en el país.

31 de julio 2017

Que se vayan todos (ii). Vladimir Aguilar

 Que se vayan todos (II) Iniciamos un nuevo proceso político en Venezuela en el año 2000 con una tragedia natural, transitamos 26 años de tr...